Cierto amanecer de marzo, en un pueblito sin nombre nació una jovencita muy linda llamada Valeria. Esta joven tenía todos los dotes para ser una princesa, lo único que su lugar era estar de sirvienta de casa en casa. Una vez, ella se atrevió a cruzar sus propios límites y se fue para la capital, a buscar su futuro, pero se encontró con una sociedad totalmente racista, la golpearon hasta cansarse por tener ropas de pordioseras. Cuando ella se encontraba en el piso, apareció un caballero de armadura dorada llamado Marcelo, la recogió del suelo, y subiéndola casi inconsciente sobre su caballo se la llevo. Cuando ella abrió los ojos se encontraba en una habitación muy linda, grande, en una cama grande, en la cual ella jamás se hubiese imaginado. Tímidamente salió de la habitación a mirar en donde estaba, miro y de pronto le apareció una cara no conocida, ella tuvo su primer impulso y lo golpeo fuertemente en la cara. Resultó que era el príncipe Marcelo, quien la había rescatado; era el hijo del rey de Kamasai, país que se encontraba en una isla en el océano pacífico. Marcelo iba a heredar el trono en cuanto su padre ya no se pudiera hacer cargo de ese premio. Marcelo se sintió totalmente atraído por Valeria, tanto que le ofreció compartir todo pero ella se negó siempre. Una noche Marcelo, cansado de la negativa de la joven, se introdujo dentro de la habitación en donde se encontraba Valeria. La tomo con sus manos y la arrojo sobre la cama, ya a punto de cometer un acto delictivo, por la ventana, se introdujo un joven con mucho olor a pasto, y de una patada saco a Marcelo de arriba de Valeria, acto seguido, entraron los guardias golpearon a este individuo y se lo llevaron a un calabozo. Valeria se quedo totalmente anonadada al ver la astucia de ese noble señor. Intrigada salió en plena noche a ver quien era ese joven. A paso caudaloso se dirigió a los calabozos, llegando allí abrió una puerta y..., si, ahí se encontraba este joven encapuchado, encadenado en manos y pies, sin poder moverse. Ella le agradeció por lo que había hecho en la habitación y él la hecho muy rápidamente diciéndole: -Si no quiere terminar como yo, retírese ya. Sin dudarlo y con un poco de miedo salió corriendo a su habitación. A la mañana siguiente, ella se dirigió a preguntarle a Mirta, la mucama quien era el joven ese. Mirta le contó todo. Se llamaba Matías, era el jardinero de la casa, nadie sabía de donde había venido, ni a donde iría, pero según ella, era un joven muy feo. Valeria más intrigada, fue decidida a sacarlo de su prisión pero ya él no estaba, se asomo por la ventana y vio con mucha angustia que lo estaban a punto de fusilar. Corrió como una liebre y llegando a ese lugar, se arrojó sobre el pobre Matías, una de las balas disparadas fue impactada sobre ella dándole una muerte muy fría, Matías, también murió. Cuenta la historia que ese pueblo desapareció a causa de dos fantasmas que asustaban a la gente a tal punto que la gente se suicidara, contaban también que uno de los fantasmas era muy feo y el otro era muy bello. Caminando de la mano por todo el pueblo iban haciendo llorar a la gente que los veía. La gente decía, ahí van, Los Tortolitos diabólicos.
lunes, 8 de junio de 2009
Historias fictisias
Los Tortolitos Diabólicos
Cierto amanecer de marzo, en un pueblito sin nombre nació una jovencita muy linda llamada Valeria. Esta joven tenía todos los dotes para ser una princesa, lo único que su lugar era estar de sirvienta de casa en casa. Una vez, ella se atrevió a cruzar sus propios límites y se fue para la capital, a buscar su futuro, pero se encontró con una sociedad totalmente racista, la golpearon hasta cansarse por tener ropas de pordioseras. Cuando ella se encontraba en el piso, apareció un caballero de armadura dorada llamado Marcelo, la recogió del suelo, y subiéndola casi inconsciente sobre su caballo se la llevo. Cuando ella abrió los ojos se encontraba en una habitación muy linda, grande, en una cama grande, en la cual ella jamás se hubiese imaginado. Tímidamente salió de la habitación a mirar en donde estaba, miro y de pronto le apareció una cara no conocida, ella tuvo su primer impulso y lo golpeo fuertemente en la cara. Resultó que era el príncipe Marcelo, quien la había rescatado; era el hijo del rey de Kamasai, país que se encontraba en una isla en el océano pacífico. Marcelo iba a heredar el trono en cuanto su padre ya no se pudiera hacer cargo de ese premio. Marcelo se sintió totalmente atraído por Valeria, tanto que le ofreció compartir todo pero ella se negó siempre. Una noche Marcelo, cansado de la negativa de la joven, se introdujo dentro de la habitación en donde se encontraba Valeria. La tomo con sus manos y la arrojo sobre la cama, ya a punto de cometer un acto delictivo, por la ventana, se introdujo un joven con mucho olor a pasto, y de una patada saco a Marcelo de arriba de Valeria, acto seguido, entraron los guardias golpearon a este individuo y se lo llevaron a un calabozo. Valeria se quedo totalmente anonadada al ver la astucia de ese noble señor. Intrigada salió en plena noche a ver quien era ese joven. A paso caudaloso se dirigió a los calabozos, llegando allí abrió una puerta y..., si, ahí se encontraba este joven encapuchado, encadenado en manos y pies, sin poder moverse. Ella le agradeció por lo que había hecho en la habitación y él la hecho muy rápidamente diciéndole: -Si no quiere terminar como yo, retírese ya. Sin dudarlo y con un poco de miedo salió corriendo a su habitación. A la mañana siguiente, ella se dirigió a preguntarle a Mirta, la mucama quien era el joven ese. Mirta le contó todo. Se llamaba Matías, era el jardinero de la casa, nadie sabía de donde había venido, ni a donde iría, pero según ella, era un joven muy feo. Valeria más intrigada, fue decidida a sacarlo de su prisión pero ya él no estaba, se asomo por la ventana y vio con mucha angustia que lo estaban a punto de fusilar. Corrió como una liebre y llegando a ese lugar, se arrojó sobre el pobre Matías, una de las balas disparadas fue impactada sobre ella dándole una muerte muy fría, Matías, también murió. Cuenta la historia que ese pueblo desapareció a causa de dos fantasmas que asustaban a la gente a tal punto que la gente se suicidara, contaban también que uno de los fantasmas era muy feo y el otro era muy bello. Caminando de la mano por todo el pueblo iban haciendo llorar a la gente que los veía. La gente decía, ahí van, Los Tortolitos diabólicos.
Cierto amanecer de marzo, en un pueblito sin nombre nació una jovencita muy linda llamada Valeria. Esta joven tenía todos los dotes para ser una princesa, lo único que su lugar era estar de sirvienta de casa en casa. Una vez, ella se atrevió a cruzar sus propios límites y se fue para la capital, a buscar su futuro, pero se encontró con una sociedad totalmente racista, la golpearon hasta cansarse por tener ropas de pordioseras. Cuando ella se encontraba en el piso, apareció un caballero de armadura dorada llamado Marcelo, la recogió del suelo, y subiéndola casi inconsciente sobre su caballo se la llevo. Cuando ella abrió los ojos se encontraba en una habitación muy linda, grande, en una cama grande, en la cual ella jamás se hubiese imaginado. Tímidamente salió de la habitación a mirar en donde estaba, miro y de pronto le apareció una cara no conocida, ella tuvo su primer impulso y lo golpeo fuertemente en la cara. Resultó que era el príncipe Marcelo, quien la había rescatado; era el hijo del rey de Kamasai, país que se encontraba en una isla en el océano pacífico. Marcelo iba a heredar el trono en cuanto su padre ya no se pudiera hacer cargo de ese premio. Marcelo se sintió totalmente atraído por Valeria, tanto que le ofreció compartir todo pero ella se negó siempre. Una noche Marcelo, cansado de la negativa de la joven, se introdujo dentro de la habitación en donde se encontraba Valeria. La tomo con sus manos y la arrojo sobre la cama, ya a punto de cometer un acto delictivo, por la ventana, se introdujo un joven con mucho olor a pasto, y de una patada saco a Marcelo de arriba de Valeria, acto seguido, entraron los guardias golpearon a este individuo y se lo llevaron a un calabozo. Valeria se quedo totalmente anonadada al ver la astucia de ese noble señor. Intrigada salió en plena noche a ver quien era ese joven. A paso caudaloso se dirigió a los calabozos, llegando allí abrió una puerta y..., si, ahí se encontraba este joven encapuchado, encadenado en manos y pies, sin poder moverse. Ella le agradeció por lo que había hecho en la habitación y él la hecho muy rápidamente diciéndole: -Si no quiere terminar como yo, retírese ya. Sin dudarlo y con un poco de miedo salió corriendo a su habitación. A la mañana siguiente, ella se dirigió a preguntarle a Mirta, la mucama quien era el joven ese. Mirta le contó todo. Se llamaba Matías, era el jardinero de la casa, nadie sabía de donde había venido, ni a donde iría, pero según ella, era un joven muy feo. Valeria más intrigada, fue decidida a sacarlo de su prisión pero ya él no estaba, se asomo por la ventana y vio con mucha angustia que lo estaban a punto de fusilar. Corrió como una liebre y llegando a ese lugar, se arrojó sobre el pobre Matías, una de las balas disparadas fue impactada sobre ella dándole una muerte muy fría, Matías, también murió. Cuenta la historia que ese pueblo desapareció a causa de dos fantasmas que asustaban a la gente a tal punto que la gente se suicidara, contaban también que uno de los fantasmas era muy feo y el otro era muy bello. Caminando de la mano por todo el pueblo iban haciendo llorar a la gente que los veía. La gente decía, ahí van, Los Tortolitos diabólicos.
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