lunes, 8 de junio de 2009

Historias ficticias

Homo faber

La capacidad humana para resolver problemas es uno de los potenciales más esgrimidos por la ciencia ficción de la llamada Edad de Oro (30’s y 40’s), tal vez la brutalidad de la 2ª Guerra Mundial volviese más cínica no sólo a la sociedad, sino también a sus autores, ya que estos siempre son reflejo, caprichoso y esquivo reflejo, de su sociedad y tiempo. Sin embargo, si a partir de los años 50’s, la inocente visión optimista del futuro, que se venía desde el siglo XIX, se fue diluyendo, no quedó nunca aplazada por completo. Poco o mucho, todos confiaban en el Homo Faber, el ser humano que construye y desarrolla tecnologías que podrán, hasta cierto punto, resolver sus problemas. A. E. Van Vogt es uno de lo más interesantes en este aspecto, muchas veces, los héroes de Vogt, deben enfrentar problemas que son los otros o algún error dentro del sistema que debía, precisamente, prevenir errores. Isaac Asimov tal vez fue la persona más convencida de la capacidad humana para resolver problemas, hay un talante optimista en casi todos sus libros, en muchos casos son problemas que el ingenio humano debe resolver. Es suya, precisamente, la invención del detective de la ciencia ficción, hasta la llegada de su muy famosa novela, “Las cuevas de acero”, este género no había visitado mucho a la llamada novela de misterio.
Considerada como la mejor novela de Isaac Asimov, “Los propios dioses” nos cuenta una aventura que tiene un airecillo de Vogt, es más compleja que el Asimov usual. La novela tiene claramente tres partes, una pedazo inicial, donde un accidente proveerá a la humanidad de una fuente de energía casi inagotable, un pedazo anterior al inicial pero se cuenta después, donde las muy interesantes aventuras de unas criaturas extrañas nos llevan a un mundo completamente distinto al nuestro, origen de la fuente de energía, y el último pedazo donde los seres humanos debemos resolver el problema que ha generado esa supuesta fuente de energía infinita. Parece un esquema muy simple, una vez esquematizadas cualquier narración podría aparecer simple, la riqueza de la ficción no necesita de esquemas más complejos. “Propios” no sólo nos ofrece una muy creativa visión, y una de las pocas, de vida distinta a la humana, también está animada por los personajes humanos, por sus mezquindades e impotencias. Somos nostros los que caemos en la trampa, y es deber nuestro salir de la misma. ¿Cómo?
Me agrada la noción del homo faber, somos capaces de generar problemas, lo sabemos, y también soluciones, no deberíamos olvidarlo nunca. “Los Propios Dioses” es una lección de un lado a otro del espectro, la trampa, el falso regalo, los engañadores, sus razones, hasta la salida posible. Tiene un principio pesimista, atípico en el autor, un medio sorprendente, y una salida, por fortuna. Las narrativas sin salida, por lo general son escritas por ratones de laboratorio y no les deberíamos prestar mucha atención. Cualquiera que desea dejarse llevar por la ágil prosa de Asimov debería incluir a “Los propios dioses” en el menú.

No hay comentarios:

Publicar un comentario