lunes, 8 de junio de 2009

Historias ficticias

Con los buenos

Se sentía mal, estaba cansado y quería llegar a su casa y acostarse. Manejaba su auto, cuando sonó el teléfono. Le pareció haber atendido, aunque no se acuerda de mucho. El dolor en el pecho fue insoportable. Una sensación como del sol rozando en la piel, lo relajó. Vio una luz muy brillante, aunque placentera. Se dejó llevar y se sintió tranquilo. Súbitamente fue feliz, mucho mas feliz que en toda su vida. Y aunque no había sido muy compasivo. Supo que iba a ser bueno lo que vendría. Alzó la vista y ahí estaban. Vio a Picasso pintando y fumado sentado en un rincón. A Jorge Acha mirándolo fascinado. Lennon tocaba el piano y su amigo Fernando trataba de cantar. Olmedo y Juanjo, inseparables, a todos haciendo reír. A su abuelo Antonio gritando un gol de Velez, mientras lo miraba por televisión. Se dio cuenta que el cielo y el infierno es pura fantasía. Que todos vamos al mismo lugar y, como acá, nos elegimos. Y se sintió en paz, lamentó haber tenido miedo. Ese lugar le gustaría. Despertó en una cama, con cables en los dedos. Los doctores lo miraban y se alegraban. Habían trabajado duro, supo que regresaría. No era hora de irse, todavía. Volvió y siguió adelante con su existencia. Pero lo había visto, ya no tendría duda. Se dio cuenta que la muerte no existía y que su alma perduraría. Supo que uno solo se lleva lo que deja. Y eligió juntarse con los buenos. Acá, allá y en cualquier vida.
Autor: Gabriel Roman

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