Era una tarde de otoño, las hojas secas caían a la vereda que conducía a un largo camino hacia la puerta de entrada del vecino que todos odiaban; su nombre, Luis Barrios, quién había repudiado al Barrio Clarita una semana antes en el desfile que conmemoraba a su fundadora Clara Gómez. Según él todos los vecinos creían en idioteces, ya que los mismos confiaban en Clara como una santa y a la que habían visto aparecerse en forma de espíritu. Su alma rondaba por la casa de Luis, un joven que no creía en la vida luego de la muerte, debido a que según él ni vida tuvo porque nunca conoció a sus padres biológicos y sólo sabía de ellos que lo habían abandonado en un orfanato. Sus padres adoptivos fueron Carmen y Andrés Del Pozo, la primera murió, cuando él tenía dieciséis años, en un accidente automovilístico, y el segundo pidió vivir en un asilo luego del fallecimiento de Carmen. Dos semanas posteriormente al desfile de conmemoración barrial, Carmela Jiménez, la mejor amiga de la difunta Clara tuvo una revelación: -¡Busca mi diario íntimo en el sótano de mi casa!- le dijo en sueños. Carmela estuvo en medio de la desesperación y el temor de una inesperada aparición; consecuentemente esa mañana se dirigió a la antigua casa donde su habitaba su amiga y al ver la morada destruida, asaltada por los delincuentes del lugar se estremeció gravemente ante la fuerte ráfaga de viento que cruzaba el barrio; Buscando desesperadamente, Carmela encontró el significativo diario para clara mientras lo leía encontró una parte de él que decía: “Querido diario: estoy aterrada, mi marido descubrió mi embarazo, él no lo quiere y me dijo que lo aborte o lo abandone en el orfanato barrial, fue capaz de golpearme y tengo miedo porque le haya pasado algo a mi hijo. No quiero abandonarlo ya que el es mi único niño y lo quiero.”; Carmela no pudo creer lo que había pasado, pero se dirigió a aquel establecimiento benéfico en busca del hijo de su mejor amiga. Por otra parte, Luis estaba al borde de la locura, se encontraba muy ebrio y solitario, tanto que agarro un revólver, una situación que desembocaría en un indeseable fin. Luego de tanto insistir, Carmela hallo el nombre del joven. La directora se conmovió al saber que su madre era la fundadora del barrio Clarita. Favorablemente ambas llegaron antes del tiro, le dijeron la verdad a Luis y juntos al día siguiente visitaron el cementerio donde ahora Clarita seguramente descansaba en paz.
lunes, 8 de junio de 2009
Historias ficticias
Clara
Era una tarde de otoño, las hojas secas caían a la vereda que conducía a un largo camino hacia la puerta de entrada del vecino que todos odiaban; su nombre, Luis Barrios, quién había repudiado al Barrio Clarita una semana antes en el desfile que conmemoraba a su fundadora Clara Gómez. Según él todos los vecinos creían en idioteces, ya que los mismos confiaban en Clara como una santa y a la que habían visto aparecerse en forma de espíritu. Su alma rondaba por la casa de Luis, un joven que no creía en la vida luego de la muerte, debido a que según él ni vida tuvo porque nunca conoció a sus padres biológicos y sólo sabía de ellos que lo habían abandonado en un orfanato. Sus padres adoptivos fueron Carmen y Andrés Del Pozo, la primera murió, cuando él tenía dieciséis años, en un accidente automovilístico, y el segundo pidió vivir en un asilo luego del fallecimiento de Carmen. Dos semanas posteriormente al desfile de conmemoración barrial, Carmela Jiménez, la mejor amiga de la difunta Clara tuvo una revelación: -¡Busca mi diario íntimo en el sótano de mi casa!- le dijo en sueños. Carmela estuvo en medio de la desesperación y el temor de una inesperada aparición; consecuentemente esa mañana se dirigió a la antigua casa donde su habitaba su amiga y al ver la morada destruida, asaltada por los delincuentes del lugar se estremeció gravemente ante la fuerte ráfaga de viento que cruzaba el barrio; Buscando desesperadamente, Carmela encontró el significativo diario para clara mientras lo leía encontró una parte de él que decía: “Querido diario: estoy aterrada, mi marido descubrió mi embarazo, él no lo quiere y me dijo que lo aborte o lo abandone en el orfanato barrial, fue capaz de golpearme y tengo miedo porque le haya pasado algo a mi hijo. No quiero abandonarlo ya que el es mi único niño y lo quiero.”; Carmela no pudo creer lo que había pasado, pero se dirigió a aquel establecimiento benéfico en busca del hijo de su mejor amiga. Por otra parte, Luis estaba al borde de la locura, se encontraba muy ebrio y solitario, tanto que agarro un revólver, una situación que desembocaría en un indeseable fin. Luego de tanto insistir, Carmela hallo el nombre del joven. La directora se conmovió al saber que su madre era la fundadora del barrio Clarita. Favorablemente ambas llegaron antes del tiro, le dijeron la verdad a Luis y juntos al día siguiente visitaron el cementerio donde ahora Clarita seguramente descansaba en paz.
Era una tarde de otoño, las hojas secas caían a la vereda que conducía a un largo camino hacia la puerta de entrada del vecino que todos odiaban; su nombre, Luis Barrios, quién había repudiado al Barrio Clarita una semana antes en el desfile que conmemoraba a su fundadora Clara Gómez. Según él todos los vecinos creían en idioteces, ya que los mismos confiaban en Clara como una santa y a la que habían visto aparecerse en forma de espíritu. Su alma rondaba por la casa de Luis, un joven que no creía en la vida luego de la muerte, debido a que según él ni vida tuvo porque nunca conoció a sus padres biológicos y sólo sabía de ellos que lo habían abandonado en un orfanato. Sus padres adoptivos fueron Carmen y Andrés Del Pozo, la primera murió, cuando él tenía dieciséis años, en un accidente automovilístico, y el segundo pidió vivir en un asilo luego del fallecimiento de Carmen. Dos semanas posteriormente al desfile de conmemoración barrial, Carmela Jiménez, la mejor amiga de la difunta Clara tuvo una revelación: -¡Busca mi diario íntimo en el sótano de mi casa!- le dijo en sueños. Carmela estuvo en medio de la desesperación y el temor de una inesperada aparición; consecuentemente esa mañana se dirigió a la antigua casa donde su habitaba su amiga y al ver la morada destruida, asaltada por los delincuentes del lugar se estremeció gravemente ante la fuerte ráfaga de viento que cruzaba el barrio; Buscando desesperadamente, Carmela encontró el significativo diario para clara mientras lo leía encontró una parte de él que decía: “Querido diario: estoy aterrada, mi marido descubrió mi embarazo, él no lo quiere y me dijo que lo aborte o lo abandone en el orfanato barrial, fue capaz de golpearme y tengo miedo porque le haya pasado algo a mi hijo. No quiero abandonarlo ya que el es mi único niño y lo quiero.”; Carmela no pudo creer lo que había pasado, pero se dirigió a aquel establecimiento benéfico en busca del hijo de su mejor amiga. Por otra parte, Luis estaba al borde de la locura, se encontraba muy ebrio y solitario, tanto que agarro un revólver, una situación que desembocaría en un indeseable fin. Luego de tanto insistir, Carmela hallo el nombre del joven. La directora se conmovió al saber que su madre era la fundadora del barrio Clarita. Favorablemente ambas llegaron antes del tiro, le dijeron la verdad a Luis y juntos al día siguiente visitaron el cementerio donde ahora Clarita seguramente descansaba en paz.
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