Cuando entré, Manuel ya me esperaba en un rincón convenientemente apartado. Lo abordé sin más trámite: - ¿Cuál es la urgencia? ¿Qué tiene para mí?.- - Una novedad... ¡Mi mayor orgullo!...- dijo al tiempo que ponía sobre la mesa una delicada caja que había mantenido oculta. – Ábrala, y después me da su respuesta.- Al abrirla se elevó ante mis ojos una esfera oscura, que se fue iluminando lentamente con un tenue resplandor azulado. La luminosidad del cuerpo se hizo más intensa, aunque intermitente, a intervalos mas o menos regulares. Prestando más atención vi que comenzaban a girar a su alrededor dos esferas más pequeñas; una luminosa, la otra más pálida. Mientras, en la esfera principal, se sucedían los cambios vertiginosamente. Ahora podía distinguir distintas texturas y colores, pliegues y relieves, hilos de plata, zonas de azul intenso, otras verdes y frescas. Fijando más atentamente la vista, divisé gran cantidad de diminutas formas vivientes, como pequeñas bestias. Me sentí conmovido ante el prodigio, presa de una gran excitación. De pronto, un pequeño rayo iluminó un sector de la esfera, y de la nada surgieron dos nuevas criaturas, de gran belleza y rasgos suaves. Una de las criaturas tomó un fruto que le ofrecía una pequeñísima serpiente, y se lo entregó a la otra. Cerré la caja rápidamente, sin disimular mi enojo. -¿Que le pareció? – inquirió Manuel.- ¿No es un milagro?.- Mi indignada respuesta no se hizo esperar. -Ud. me ofende. Sé reconocer una imitación.
lunes, 8 de junio de 2009
Historias ficticias
La respuesta
Cuando entré, Manuel ya me esperaba en un rincón convenientemente apartado. Lo abordé sin más trámite: - ¿Cuál es la urgencia? ¿Qué tiene para mí?.- - Una novedad... ¡Mi mayor orgullo!...- dijo al tiempo que ponía sobre la mesa una delicada caja que había mantenido oculta. – Ábrala, y después me da su respuesta.- Al abrirla se elevó ante mis ojos una esfera oscura, que se fue iluminando lentamente con un tenue resplandor azulado. La luminosidad del cuerpo se hizo más intensa, aunque intermitente, a intervalos mas o menos regulares. Prestando más atención vi que comenzaban a girar a su alrededor dos esferas más pequeñas; una luminosa, la otra más pálida. Mientras, en la esfera principal, se sucedían los cambios vertiginosamente. Ahora podía distinguir distintas texturas y colores, pliegues y relieves, hilos de plata, zonas de azul intenso, otras verdes y frescas. Fijando más atentamente la vista, divisé gran cantidad de diminutas formas vivientes, como pequeñas bestias. Me sentí conmovido ante el prodigio, presa de una gran excitación. De pronto, un pequeño rayo iluminó un sector de la esfera, y de la nada surgieron dos nuevas criaturas, de gran belleza y rasgos suaves. Una de las criaturas tomó un fruto que le ofrecía una pequeñísima serpiente, y se lo entregó a la otra. Cerré la caja rápidamente, sin disimular mi enojo. -¿Que le pareció? – inquirió Manuel.- ¿No es un milagro?.- Mi indignada respuesta no se hizo esperar. -Ud. me ofende. Sé reconocer una imitación.
Cuando entré, Manuel ya me esperaba en un rincón convenientemente apartado. Lo abordé sin más trámite: - ¿Cuál es la urgencia? ¿Qué tiene para mí?.- - Una novedad... ¡Mi mayor orgullo!...- dijo al tiempo que ponía sobre la mesa una delicada caja que había mantenido oculta. – Ábrala, y después me da su respuesta.- Al abrirla se elevó ante mis ojos una esfera oscura, que se fue iluminando lentamente con un tenue resplandor azulado. La luminosidad del cuerpo se hizo más intensa, aunque intermitente, a intervalos mas o menos regulares. Prestando más atención vi que comenzaban a girar a su alrededor dos esferas más pequeñas; una luminosa, la otra más pálida. Mientras, en la esfera principal, se sucedían los cambios vertiginosamente. Ahora podía distinguir distintas texturas y colores, pliegues y relieves, hilos de plata, zonas de azul intenso, otras verdes y frescas. Fijando más atentamente la vista, divisé gran cantidad de diminutas formas vivientes, como pequeñas bestias. Me sentí conmovido ante el prodigio, presa de una gran excitación. De pronto, un pequeño rayo iluminó un sector de la esfera, y de la nada surgieron dos nuevas criaturas, de gran belleza y rasgos suaves. Una de las criaturas tomó un fruto que le ofrecía una pequeñísima serpiente, y se lo entregó a la otra. Cerré la caja rápidamente, sin disimular mi enojo. -¿Que le pareció? – inquirió Manuel.- ¿No es un milagro?.- Mi indignada respuesta no se hizo esperar. -Ud. me ofende. Sé reconocer una imitación.
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